Para mujeres
Dolor en las relaciones sexuales (dispareunia)
La dispareunia es el dolor genital que aparece justo antes, durante o después de la penetración. Puede ser superficial, en la entrada de la vagina, o profunda, dentro de la pelvis.

El dolor se siente de varias formas: ardor, quemadura, contracción o dolor cortante. Puede estar por dentro o por fuera de la vagina, en la región pélvica o en el abdomen.
A veces va junto al vaginismo. Es un síntoma, no una enfermedad, y detrás hay causas identificables y tratables.
Soy el Dr. Fernando Rosero Mera, médico y sexólogo clínico, y atiendo dispareunia en la Clínica de Marly, en Bogotá, y a distancia.
«Me duele cuando intentamos tener relaciones»
«Me duele cuando intentamos tener relaciones. Llevo años escuchando que me relaje, que use más lubricante, que tome una copa de vino, o que es cosa de mi cabeza».
Esta frase, con ligeras variaciones, la he escuchado innumerables veces en mi consulta. Son mujeres de todas las edades que han normalizado el dolor. Aprendieron a apretar los dientes y esperar a que termine. O dejaron su vida sexual a un lado para no volver a pasar por eso.
Si te sientes reflejada, quiero que te quedes con una idea: el dolor durante las relaciones sexuales no es normal, no es tu culpa, y no tienes por qué resignarte a vivir con él. He visto cómo cambia el panorama cuando el dolor se estudia en serio en lugar de darlo por normal. Vamos a desentrañarlo.
¿Cómo se reconoce el dolor en las relaciones?
El dolor se clasifica primero por dónde aparece. El superficial ocurre en la entrada de la vagina, con el roce o con el intento de penetración. El profundo aparece dentro de la pelvis, con la penetración completa, y muchas veces cambia según la postura o el momento del ciclo. Esa distinción, por sí sola, ya orienta el diagnóstico.
Después importa cómo es el dolor, porque cada característica es una pista de origen distinta.
Ardor o escozor en la entrada
Quema, irrita o escuece con el simple roce, a veces incluso con la ropa interior. Apunta al vestíbulo vaginal y a la mucosa: vulvodinia, vestibulodinia o síndrome genitourinario de la menopausia.
Sensación de pared, de golpe o de fricción intensa
Da la impresión de que algo se interpone o de que la penetración choca contra algo. Suele hablar de una musculatura del suelo pélvico crónicamente tensa que no logra relajarse.
Dolor profundo y cíclico
El que muchas pacientes describen como «que me están clavando algo» dentro de la pelvis, sobre todo en ciertas posturas o en ciertos días del mes. Es el que obliga a descartar endometriosis y patología pélvica profunda.
¿Por qué ocurre? Las causas que suelen pasarse por alto
El vaginismo, que es la contracción involuntaria de los músculos del suelo pélvico que impide la penetración, es un causante conocido de dolor. Pero centrarse solo en él deja fuera a un grupo enorme de mujeres. Cuando indago a fondo, a menudo emergen otras causas.
¿Qué es la vulvodinia y en qué se diferencia de la vestibulodinia?
La vulvodinia es un dolor crónico en la vulva, y la vestibulodinia es ese mismo dolor localizado en el vestíbulo vaginal, es decir, la entrada. Quema, irrita o escuece con el roce, la ropa interior o la penetración, y no hay infección ni lesión visible. Esa ausencia de hallazgo llevaba antes a etiquetarlo como «psicosomático». Hoy sabemos que implica una hipersensibilidad neuropática local, vinculada a menudo a una sobreactivación de los mastocitos o a una inervación anómala. Su manejo requiere un equipo: ginecología experta, fisioterapia de suelo pélvico y tratamiento del dolor neuropático.
¿Puedo tener el suelo pélvico tenso sin tener vaginismo?
Sí. Muchas mujeres tienen el suelo pélvico crónicamente tenso por estrés sostenido, malas posturas, cirugías previas o ejercicio de impacto, y no logran relajarlo lo suficiente durante la penetración. El resultado es dolor, sensación de pared y fricción intensa, sin que exista la contracción refleja que define al vaginismo. Aquí la fisioterapia de suelo pélvico es fundamental: tomar conciencia de esa musculatura y aprender a relajarla de forma activa cambia la experiencia de la penetración por completo.
¿El dolor profundo puede ser endometriosis?
Puede serlo. En la endometriosis, tejido similar al endometrial crece fuera del útero y provoca adherencias e inflamación, con un dolor que impacta directamente la sexualidad. El retraso diagnóstico es dramático: años, a veces décadas. Si tu dolor es profundo, cambia con la postura y se acentúa en ciertos momentos del ciclo, debe estudiarse en lugar de asumirse.
¿El dolor que empezó en la menopausia tiene tratamiento?
Sí. A partir de la perimenopausia, la caída de estrógenos adelgaza la mucosa vaginal, reduce la elasticidad y la lubricación, y eleva el pH.
El resultado es sequedad, fragilidad del tejido, ardor y dolor al roce. Es el síndrome genitourinario de la menopausia, y no es «falta de lubricante». Es una alteración estructural del tejido, y tiene tratamiento médico. Se trabaja con hidratantes vaginales de uso regular, estrógenos locales en crema, óvulos o anillo, y el ospemifeno, un modulador selectivo de los receptores estrogénicos, siempre bajo prescripción y control médico. Lo desarrollo en la página sobre sexualidad en la menopausia.
¿Y el componente psicológico y de historia de aprendizaje?
Existe, y no lo omito, porque también es importante. Una educación sexual restrictiva, experiencias traumáticas, miedo al embarazo o problemas de comunicación en la pareja pueden generar una respuesta de alerta que se traduce en contractura muscular y dolor. Pero, a diferencia del discurso simplista, no es «está en tu cabeza», es cómo el cerebro procesa la penetración como una amenaza. El abordaje sexológico ayuda a descondicionar esa respuesta, y no sustituye al tratamiento del tejido cuando hay tejido comprometido.
Lo que el dolor no es
No estás rota, no eres «frígida» ni «estrecha», ni le estás fallando a tu pareja. El dolor no es un defecto de tu carácter ni una prueba de que no deseas a quien tienes al lado. Es un mensaje del cuerpo que la medicina y la sexología actuales saben interpretar.
Tampoco es un problema de lubricante. Muchas mujeres han interiorizado que el sexo «es así», que la penetración duele los primeros minutos o que hay que usar cantidades industriales de lubricante. Un buen lubricante es un aliado, pero limitarse a eso es pasar por alto la patología de base. Y peor todavía es la resignación.
Y no es «cosa de tu cabeza». Que un dolor tenga un componente aprendido no lo vuelve imaginario. Que no se vea una lesión en una revisión rápida no significa que no exista una causa.
Cómo lo abordo
Mi enfoque se basa en la integración real, no en compartimentos estancos. Antes de cualquier plan, la primera tarea es una historia clínica sexológica detallada. Rastrea la primera relación sexual, cirugías, tratamientos anticonceptivos y hábitos intestinales y urinarios. Y llega hasta el mapa exacto del dolor: dónde, cuándo, con qué, desde hace cuánto. A partir de ahí decido si hacen falta pruebas complementarias o interconsultas. Sobre esa base trabajo en cuatro frentes.
1. Tratamiento etiológico, o tratar la causa
Si hay una vulvodinia, un síndrome genitourinario de la menopausia o una endometriosis, hace falta un plan médico específico. Puede incluir medicación tópica, tratamiento hormonal o cirugía si es necesaria, siempre bajo prescripción y control médico. No se puede hacer terapia sexual ignorando un tejido lesionado o un nervio inflamado.
2. Fisioterapia de suelo pélvico, o devolverte el control de tu musculatura
Colaboro estrechamente con fisioterapeutas especializadas. Ellas enseñan a liberar puntos gatillo, a masajear cicatrices de episiotomía o desgarro, y a entrenar la propiocepción para que recuperes el control sobre tu musculatura. Ese es uno de los motivos por los que trabajo junto a fisioterapia de suelo pélvico y no en solitario: la penetración deja de ser una agresión cuando el músculo aprende a soltarse.
3. Terapia sexual y de pareja, o desarmar la anticipación
Cuando el dolor está controlado o en vías de estarlo, trabajamos la anticipación, porque muchas mujeres han desarrollado un miedo condicionado que persiste incluso después de que el tejido mejora. Reconstruimos la confianza con ejercicios de focalización sensorial. Redefinimos el concepto de relación sexual, para que el coito deje de ser el centro. Y reparamos la comunicación de pareja, porque el dolor sexual a menudo aleja, frustra y culpa a ambos.
4. Educación sobre tu propio cuerpo
Te devuelvo el conocimiento sobre tu propio cuerpo. Entender por qué duele, qué estructuras están implicadas y cómo se está tratando reduce la indefensión y aumenta la adherencia al plan.
Qué esperar del proceso
La primera consulta dura entre 45 y 60 minutos y es una conversación. No hay tests de cien preguntas ni diván. Te pregunto por el motivo concreto y desde cuándo ocurre. Después, por tu historia médica y quirúrgica, la medicación que tomas y tu historia psicosexual. Y por la dinámica de pareja, si la hay, y por el estrés y el ánimo. No espero que llegues con todo organizado ni que uses términos clínicos.
No realizo exploración física íntima en la primera consulta. Es la pregunta que más ansiedad genera en dispareunia, y la respuesta es clara: no la hago, y en la inmensa mayoría de los casos tampoco es necesaria después.
Si en algún momento hubiera indicios clínicos que la justifiquen, como una vulvodinia que requiera test del hisopo, se habla contigo antes. Se explica el procedimiento completo y se pide tu consentimiento explícito. Nunca se hace nada sin que lo entiendas y lo decidas.
Para algunas pruebas prefiero derivar, para que mi consulta siga siendo un lugar de palabra y terapia. Aquí puedes leer en detalle cómo es la primera consulta.
Al final de esa primera sesión te doy mis impresiones iniciales y, si procede, propongo un plan: más sesiones, pruebas complementarias o interconsultas. El plan se pacta contigo.
Y hay un límite que declaro de entrada: hay partes de este cuadro que no me corresponden a mí. Según lo que encuentre, derivo a ginecología, a fisioterapia de suelo pélvico o a una unidad del dolor. No es una carencia, es cómo se trata bien un dolor que casi nunca tiene una sola causa.
Quién te atiende
La dispareunia es un dolor que toma tiempo resolver y que exige sostener el proceso hasta el final. Muchas de las mujeres que llegan a mi consulta llevan años consultando sin que se haya ubicado el origen de su dolor. Ejercer la sexología clínica desde la medicina es lo que permite evaluar el tejido, el perfil hormonal y la medicación que tomas, y no solo la conversación. Esas dos miradas juntas son las que permiten ordenar un dolor que casi nunca tiene una causa única.
Hay algo que puedes verificar por fuera de este sitio. Escribí el capítulo «Sexualidad en las diferentes etapas de vida de la mujer», dentro de Patología benigna de vulva, de Editorial Distribuna.
Quién soy, dónde me formé y por qué trabajo así está en mi página, con la lista fechada de publicaciones y sociedades científicas en mi trayectoria. Y cómo se conecta este cuadro con el resto de lo que atiendo, en salud sexual femenina.
Condiciones relacionadas
- Vaginismo. Si la penetración es imposible desde siempre por una contracción involuntaria del suelo pélvico, puede tratarse de vaginismo.
- Sexualidad en la menopausia. Si el dolor apareció con la menopausia, lo más probable es que haya un componente tisular y hormonal que tratar.
- Deseo sexual bajo. Cuando lo que cambió es el deseo, la evaluación es otra: hormonas, medicación, contexto y frenos, uno por uno. Si le pasan las dos cosas, se trabajan en paralelo.
- Salud sexual femenina. Todas las condiciones que atiendo en salud sexual femenina, en un solo mapa.
Preguntas frecuentes sobre el dolor en las relaciones sexuales
¿Es normal que duela la penetración?
No. El dolor en la penetración es frecuente, pero frecuente no es lo mismo que normal. Un dolor persistente o recurrente en las relaciones sexuales es un síntoma que merece estudio, igual que lo merecería un dolor al caminar o al tragar. Que muchas mujeres lo hayan normalizado durante años dice más de la falta de espacios para consultarlo que de tu cuerpo.
¿Por qué me arde cuando tengo relaciones?
El ardor apunta a la entrada de la vagina y a la mucosa. Ahí hay que estudiar dos cosas. La vulvodinia y la vestibulodinia, que producen hipersensibilidad neuropática local sin lesión visible. Y el síndrome genitourinario de la menopausia, en el que la caída de estrógenos adelgaza el tejido y eleva el pH. Distinguirlas exige explorar la historia y el mapa del dolor.
Me duele y no es falta de lubricación, ¿qué puede ser?
Si lubricas bien y aun así duele, el lubricante no es la respuesta. Las causas cambian según dónde duela. Si el dolor es superficial, hay que estudiar la hipertonía del suelo pélvico y la vulvodinia o vestibulodinia. Si es profundo, la endometriosis u otra patología pélvica. La única forma de saberlo es una historia clínica sexológica detallada que ubique dónde duele, cuándo y con qué.
¿El dolor profundo en las relaciones puede ser endometriosis?
Sí, es una de las causas que hay que descartar cuando el dolor es profundo, cambia con la postura y se acentúa en ciertos momentos del ciclo. En la endometriosis, tejido similar al endometrial crece fuera del útero y genera adherencias e inflamación. Su diagnóstico se retrasa con frecuencia durante años, así que un dolor profundo y cíclico debe estudiarse con ginecología y no atribuirse a nervios.
¿A qué profesional acudo si me duele tener relaciones?
Empieza por quien pueda ordenar el diagnóstico completo, no solo una parte. Un médico con formación en sexología clínica puede evaluar tejido, hormonas y medicación, y a la vez la historia sexual y de pareja. A partir de ahí se articula el resto: ginecología, fisioterapia de suelo pélvico o unidad del dolor según lo que se encuentre. Lo que no funciona es tratar el dolor por pedazos y sin que nadie coordine.
Me duele desde siempre y nunca he podido tener penetración, ¿es lo mismo?
No exactamente. Cuando la penetración ha sido imposible desde el primer intento y aparece una contracción involuntaria del suelo pélvico que la impide, hablamos de vaginismo, que tiene su propio abordaje. Comparte mucho con la dispareunia y a veces coexisten, pero el punto de partida del tratamiento es distinto. Si la penetración es imposible desde siempre, puede tratarse de vaginismo.
¿Cuánto dura el tratamiento?
Depende de la causa, y por eso no doy plazos antes de haberte escuchado. Un síndrome genitourinario de la menopausia se maneja con un plan médico; una vulvodinia con hipertonía asociada requiere un trabajo sostenido entre medicina, fisioterapia y terapia sexual. Al final de la primera consulta te digo qué estoy viendo y qué plan propongo, con lo que se sabe hasta ese momento.
¿El dolor en las relaciones tiene tratamiento?
Sí. El dolor en las relaciones es un síntoma, no una enfermedad, y detrás hay causas identificables y tratables: vulvodinia o vestibulodinia, hipertonía del suelo pélvico, endometriosis o el síndrome genitourinario de la menopausia. El tratamiento cambia según cuál sea, y casi siempre avanza por varios frentes a la vez: tratar la causa, fisioterapia de suelo pélvico para devolverte el control de tu musculatura, y terapia sexual para desarmar el miedo que quedó después. Lo que no sirve es resignarse ni quedarse en el lubricante.
¿En qué se diferencia del vaginismo?
El vaginismo es una de las causas del dolor en la penetración. Hay otras que se confunden con él y se tratan de otra manera.
¿Tengo que ir con mi pareja?
No. Puedes venir sola, solo o en pareja. Cuando hay dolor, la pareja a veces carga con miedo a hacer daño o con la sensación de rechazo, y eso también pesa en el encuentro. Si viene, trabajamos eso juntos. Si prefieres empezar sola, el proceso avanza igual y decidimos más adelante.
Si te has sentido reflejada
En mi consulta tienes un espacio donde creemos en tu dolor desde el minuto uno, y donde trabajamos sin prisas. Si quieres, puedes escribirme por WhatsApp y hablamos. Con decirme dónde duele y desde cuándo es suficiente para empezar; el mapa completo del dolor lo dibujamos en consulta.
Y si todavía no estás lista para escribir, no hace falta que lo hagas hoy. Lee primero cómo es la primera consulta y decide después.
Autor: Dr. Fernando Rosero Mera, médico y sexólogo clínico. Consulta privada en la Clínica de Marly, Bogotá.
Publicado el 26 de agosto de 2026.
Este contenido es divulgación clínica y no reemplaza una consulta médica ni un diagnóstico individual. Cada caso de dolor en las relaciones sexuales requiere una evaluación individual.
Declaración de vínculos con la industria: entre 2020 y 2024 fui asesor médico externo de la línea de salud femenina del Laboratorio Asofarma Centroamérica y Paraguay, relación ya terminada, y participo en un estudio en curso sobre un derivado de la 5-fosfodiesterasa con la Clínica de Marly, Litaphar y el Centro de investigación clínica de la mujer. El detalle, con fechas y estado, está en vínculos con la industria farmacéutica.